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ATENEO de MELIPILLA Juan Fco. González

Gino Arab Moraga

<em>Gino Arab Moraga</em>

A la memoria

En un rincón de mi memoria
dibujo casas azules
viejos tejiendo adobes
perros flacos y largos
gatos verdes, ollas negras
porotos, cazuelas, sartenes, mediaguas
fonolas, cartones
panes duros
ojos tristes
enaguas, calzones
vino tinto
chicha fresca
canas blancas
mil Abriles

Coral de hombre

Mi tiempo fue tu tiempo en el tiempo
y yo coral de hombre me hundo en un otoño muerto
pero tus dedos como salidos de la selva
cual águila vacía me atrapan
y mi corazón fue piedra en la piedra
y tu amor fue mi alimento oscuro
como colgado del cielo
y las estrellas anuncian una novia sumergida
y yo me inundo de fatiga sobre el muro.
Pero mis pasos ya no tienen sonido en
los escalones del alma

Primavera

Hasta que la Tierra se inundó de fuego
mis ojos no conocieron la primavera
y la cima de mi recuerdo
se derrumbó ante un gigantesco verdor.
Mis años se hicieron rígidos como esculturas
entonces todo fue pregunta
traté de unir cada una de ellas
con apellido y nombre
aun así mi cumbre está llena de ideas
y la lista es inagotable
como un mar lleno de peces muertos.

A mi bandera

Cuando las nostalgias se hacen añejas
y el paso se vuelve cansino.
Ahí estás, única, infinita.
Mía, tuya.
Elegante, hermosa.
Llena de historia.
Dueña de mis días,
sostén de heroísmo.
Cielo azulado,
blanca montaña,
sangre araucana.
Indomable fiera
nunca vencida

Brevarios

La verdad no está en la obra,
sino en quien se la avecina.

La elocuencia de la razón solo vive en los árboles.

Mi última vacilación orbita a lo primero.

Lo sugerido nunca sobrepasa lo real.

En efecto, la razón no adopta palabras, las pare
..
Quién entiende la vida,
la roca canta mientras el agua la azota

Tres sabidurías tiene el vino:
canta cuando tiene pena,
enamora hasta las uñas,
y olvida el barco ya ido.

Adobe, tango dormido
entre viejas paredes
con sabor a olvido.

Quien duerme deja de pintar el mundo.

La hoja no está muerta, solo está dormida.

Aunque la cebolla esté ya marchita
en su corazón destila pena.

No por el silencio las rosas tienen espinas.

Desconozco mis pies, hoy son alas.

El hombre es una isla con un barco lleno de vanidad.

Ese viejo árbol abrió su puerta y lloró mi vida.

La conciencia es la más dulce venganza
que tiene el hombre para sí mismo.

Sin duda el elogio no puede ser una razón última.

Y las estrellas se hicieron cielo…
Y las lágrimas del cielo se hicieron mar…
Y el mar se hizo peces;
Entonces el hombre aprendió a pescar.

(Del libro "Los de la vuelta de la esquina". Año 2004)>


A Melipilla

Viento
entre cuatro espíritus
campo minado de flores
tierra fértil
agua y cielo
hombres al alba
greda y sueños
calles largas
chicha y chancho
diablo y poncho
queso fresco
tortilla y pan

Homenaje al Padre Demetrio Bravo

El espino se prende
y tú, silencioso
como un árbol
lleno de follaje,
me das la mano
en un mundo
lleno de flores
y las campanas
te cantan
con voz de niño.

La tierra suda tu sangre
la infancia clama tu aroma
padre de todos
bendita aurora

(Del libro “Melipilla: lugar de encuentro”. Editado el año 2006)

Sueños

Si mi sueño no durara
hasta la muerte
mi vida sería
como un árbol desnudo
y mis secretos náufragos
en un mar de estrellas.

Todo sucederá:
treparé muros,
daré muerte a mi sombra,
ablandaré arrugas,
pintaré sueños
o, tal vez,
doblaré la calle de mi tiempo,
pero aún así
no podrá apagarse en mí
la llama de tu amor.

Sin ti

Sin ti, la aurora de mis manos muere
y sonora canta tu voz
entre mis sienes.

Sin ti, en julio desnudo flores
y en agosto
maldigo horas.

Sin ti, la rabia se hizo orden
fusilando la risa.

Sin ti, la noche
hace presa
en la tienda de mis sueños.

Sin ti, me llevo los años
surcando el Paraíso.

Ausencias

Si mis alas
no soñaran
con el regreso.

Mis tiempos
serían
como un cuarto vacío.

Y el ropaje de mis sueños
olería a celdas añejas,
a voces sin sombras,
a existencia mía.

Y hoy al decir hombre
muero cada día.

El hechizo

Una ventana vieja
que vestía
mi templo

fue mi único
gran ojo.

Y mi casa,
sí, ésa, la de los sueños
que inunda con su aroma
la calle de mi tiempo
en busca de soledad
me dijo adiós.

Yo, con fortaleza
de guerrero
y hambre de niño
sediento pido asilo.

Pero mis pasos
regresan a mí
como alma sin cuerpo.

( Del libro “Vuelos literarios 3”. Editado el año 2001)

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