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ATENEO de MELIPILLA Juan Fco. González

Raúl Araya Rubio

<em>Raúl Araya Rubio</em>

Brasas

Amor que brasa con brasa,
forja un beso
y en la infinita noche
se desvela.
Amor que nace de la tierra,
cardenal o rosa,
amor que el fuego forja
y la aurora eleva.
Amor que llora,
amor que sueña.

Nada, nada puede separarnos,
seguiremos unidos,
atados como musgo y piedra.
Hilo de agua y surco
manta de arriero y niebla.

Soy el amante
que esperabas,
y en mis brazos, mujer
eres el sueño
que me ciega.

Pequeña nube mía

(A mi hija Ignacia)

Pequeña nube mía,
corazón de nuez.
Labios de esponja azucarados.

La luz del día se duplica
en tus ojos almendra
como en dos granos de uva cristalinos.

El sol
cobijó sus rayos clandestinos
en tu pelo negro.
Tu alma pequeñita
viste la frescura curva
de los ríos salvajes.
Pequeña nube mía,
corazón de nuez.
Hija de mi romántico
pasar por esta vida
Contigo todo tengo,
todo me sobra,
contigo.

Recuerdas cuando...


¿Recuerdas cuando
como peces huérfanos
nos encontró la tarde fresca y vacía
hilvanando burbujas de nostalgia?
la universal constelación de las aguas
se redujo a un insignificante metro
en que tu y yo, amor
nos trenzamos en una cacería
dulce y violenta.
y como nunca antes,
fui la presa fácil de tus labios cazadores
y perdidos nadamos atados
en las redes desbordantes
de lo que amor eterno llamamos,
inocentes como simples peces.

¿Recuerdas las primeras olas?
La primera afrenta,
tormenta maligna
que como un surco oscuro
regó nuestros pasos
y frágil
las olas del miedo
te arrastraron a la inmensa mar
de la distancia.
Amor, amor mío
¿qué turbia mar oscura nos separa?
Una húmeda soledad me ahoga
y el lúgubre destino del salmón
contamina mis agallas.
La inútil libertad que me dejaste
es la perpetua cárcel que me invade
¡quiero romperme las aletas!
remontar los ríos
y que al fin en la decrépita hora
la muerte pueda revivirme.

(Del libro "Los de la vuelta de la esquina")

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