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ATENEO de MELIPILLA Juan Fco. González

«Los de la vuelta de la esquina »

<em>«Los de la vuelta de la esquina »</em>

Este libro fue publicado el año 2004 y reúne trabajos del Taller Literario del Ateneo. La versión electrónica que usted observa en su pantalla, por razones de diseño preestablecido del blog muestra por separado la obra de cada autor, manteniéndose el mismo orden de publicación del original en soporte de papel, que lo encabeza la siguiente presentación.

A manera de prólogo

Las pruebas de que Chile es un país de poetas las encontramos en cualquier punto de nuestro longísimo y enjuto territorio. Asimismo, la afirmación de que la mayoría de los escritores nacionales son autoeditados, es una verdad que no requiere demostración. Lo comprobamos, una vez más, en el poemario que tenemos en nuestras manos.

Autoedición puede aparecer como una palabra de carácter peyorativo; sin embargo, lejos de disminuir a sus creadores y a su contenido, un libro publicado con el empeño de sus autores y el esfuerzo económico de un grupo, nos habla de una obra que merece la máxima atención de los lectores.

Y lectores es lo que buscan los poetas reunidos en forma cooperativa en este texto. Ellos pertenecen al Ateneo “Juan Francisco González”, de Melipilla, entidad que ya ha cumplido medio siglo de existencia. No muchas agrupaciones culturales de tipo privado, activas y prolíficas como ésta, logran tal permanencia en el tiempo.

Los siete escritores que se reparten de modo hermanable las páginas de esta publicación, muestran sus diferentes estilos y enfoques ante el quehacer poético. Cada uno tiene cualidades que los emparientan con los otros, pero que también los individualizan, ya en el lenguaje, en la forma o en la temática.

A propósito de los temas, hay uno que sin duda a la mayoría de los poetas, si es que no a todos, se les hace ineludible: el amor. Y Raúl Araya lo aborda en poemas de corta extensión, con versos breves y libres. En una de sus composiciones afirma: “…seguiremos unidos, / atados como musgo y piedra./ Hilo de agua y surco / manta de arriero y niebla.” Novedosas metáforas, por cierto.

En versos que tienen un leve toque de clasicismo, Nilza Riquelme sostiene que el amor “Quema como flama; / con violencia torrencial / se transforma en un suspiro / imposible de callar.” Y agrega en el mismo tono “Es la fuerza de la vida / el origen y el final, / es el roce de la brisa / y una flor al germinar”.

Muchas estrellas para iluminar su senda de enamorado necesita Ángel Conejeros y en su equipaje lleva rosas como ofrenda a los pies de su amada al tiempo que le expresa: “Todos mis versos / alegres y bellos, / tristes o vacíos / te pertenecen. / Son una corona en el tiempo / para tus ojos y tus besos”.

Adoptando una actitud apelativa ante el poeta que yace en Isla Negra, Elizabeth Ramos, lo califica de “Capitán de mil dolores / navegante de palabras…” y luego, amorosamente, lo invita diciéndole: “Quiero escuchar como un susurro / un verso tuyo, / y adormecerlo en mi almohada / para jugar a ser tu musa, / desordenar tus caracolas de luna, / amarrar con fuerza / la última mirada al recuerdo del último beso.” Desde el más allá, Neruda aún conquista corazones.

Bajo la suave mirada de la luna, Gladys Quiroz sueña con viajar a París a encontrarse con Vallejo. Al ritmo de acompasados versos, su andadura la lleva al fondo de su propia interioridad y desde allí reclama: “Me estoy quedando a solas con la ira…”, pero no se rinde: “…y aunque mi canto se estrelle contra un muro, / cantaré, una y mil veces cantaré a la esperanza.” Notable la creación lírica de esta poetisa de Melipilla.

Presidente del Ateneo y gestor de esta publicación, Jaime Romanini se da el tiempo y el espacio entre sus muchas obligaciones para cantarle al amor y preguntar: “¿Cuándo dejarás nuevamente / tus cigarros vestidos de besos / en mi alcoba?” En seguida, ensaya un epitafio, en una de cuyas partes estampa: “Soy el que ha sangrado las espinas que pusiste en el camino. / Soy el que debe morir por el pecado de amarte.”

Hay un toque de cierto pesimismo en los poemas de Gino Arab: “Mi tiempo fue tu tiempo en el tiempo / y yo coral de hombre me hundo en un otoño muerto”. Y como todos los poetas tienen algo de pensadores y viceversa, se atreve con algunos aforismos: “La elocuencia de la razón sólo vive en los árboles”; y este otro: “Quién entiende la vida, / la roca canta mientras el agua la azota”.

¡Larga vida al Ateneo Juan Francisco González y a todos sus integrantes, que viven ahí no más, “a la vuelta de la esquina”!

Miguel Reyes Suárez

Santiago, septiembre de 2004.


Usted puede ir al texto de cada participante en este libro pulsando sobre su nombre en el listado que sigue:


Raúl Araya Rubio


Nilza Riquelme Jaramillo


Angel Conejeros Maldonado


Elizabeth Ramos Araya


Gladys Quiroz Carcher


Jaime Romanini Gainza


Gino Arab Moraga


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1 comentario

Jorge Mancilla Olivares -

Excelente material poético. Felicito a todos sus autores e integrantes de esta organización
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